diumenge, 10 de gener de 2010

LA REVOLUCIÓN DE 1848 EN ITALIA: LA ESPERANZA DEFRAUDADA


Mapa de Italia y su proceso de reunificación

Uno de los nombres románticos que se le dió a la revolución de 1848 fue el de "la primavera de los pueblos", y esta "tumultuosa primavera" presentó, en Italia, una fisonomía peculiar. En primer lugar, a causa de la duración de los acontecimientos que estallaron en el verano de 1846 y no se extinguirían (último foco de toda Europa) hasta finales de agosto de 1849. Además, porque se mezclaban diveros hechos: reivindicaciones políticas propiamente italianas, a través de las cuales la burguesía liberal trataba de derribar a los regímenes absolutistas en beneficio propio; interferencia de la revolución francesa y, sobre todo, de la austríaca; agitaciones sociales surgidas en un ambiente de profunda depresión económica; y, por último, dos guerras de independencia contra Austria, que provocaron una crisis internacional.
Bajo la presión de los liberales, una oleada de reformismo institucional y jurídico atravesó la península italiana de julio de 1846 a octubre de 1847. Pio IX (el Papa de Roma) concedió una amnistía, libertad de prensa y una asamblea representativa (la Consulta), Leopoldo II en Florencia y Carlos Alberti I en Turín moderaron el absolutismo.
Se instauraron gobiernos insurreccionales en Parma, Módena y en Reggio Emilia, y Venecia se sublevó bajo la dirección de Daniele Manin. En Milán, después de la revuelta de las "cinque giornate", del 18 al 23 de marzo, las fuerzas austríacas de Radetzky hubieron de evacuar la capital lombarda. El 8 de febrero, la burguesia y la aristocracia liberales de Turín consiguieron de Carlos Alberto una constitución parlamentaria (llamada "el estatuto fundamental") el 4 de marzo, así como la adopción de la bandera tricolor italiana: verde, blanca y roja. Otros regímenes, inspirados en la Carta francesa de 1830, se intalaron en Florencia el 7 de febrero, en Náples el 5 de marzo y en Roma el 14 de marzo.



El Mariscal austríaco Joseph Radetzky


En medio de esta efervescencia se desarrolló la primera guera de independencia. Carlos Alberto se puso a la cabeza de la "riscosa" (redención) patriótica, rehusando la ayuda de la II República francesa y reservando exclusivamente a los italianos la tarea de la redención nacional: "L´Italia fará da sé" ("Italia lo hará por sí misma"). La campaña tuvo unos comienzos confusos. El rey de Cerdeña, soberano romántico y vacilante, perseguía a la vez el cumplimiento de lo que creía sus destino personal y la política tradicional de su dinastía de expansión territorial a expensas de Austria. Era al mismo tiempo jefe y rehén de la cruzada que encabezaba, que movilizaba a contingentes de todos los estados de la Península, dentro de la Liga nacional italiana. La ofensiva empezó el 29 de marzo y obtuvo diversos triunfos hasta principios de julio, a causa del debilitamiento de las fuerzas austríacas, ocupadas en la represión en Viena. Una serie de victorias (las de Goito, Valeggio, Monzambano y Pastrengo) condujeron a los italianos a la frontera de Venecia. Pero la coalición se resquebrajó rápidamente. Pio IX, aterrado por el movimiento revolucionario y antiaustríaco, evolucionó hacia una actitud conservadora y reaccionaria, que ya no abandonaría, y se declaró fuera del conflicto en virtud de su misión de pastor de la Iglesia universal. En Nápoles, Fernando II restó efectividad a la constitución y retiró sus tropas de Lombardía para aplastar duramente la rebelión de Sicilia. La Alemania liberal se mantenía indiferente a la independencia italiana, y en Paría, Lamartine se abstenía de cualquier intervención.
En abril, la misión inglesa que pretendía favorecer un reino de la Alta Italia separado de Austria, fracasó. Mientras llegaban refuerzos liberados por el reflujo de las revoluciones austríacas. Carlos Alberto logró sus últimas victorias, a finales de mayo, en Curtatone, Montanara y Goito.


Alphonse de Lamartine, ministro de Asuntos Exteriores de Francia


Pese a la oposición de federalista y republicanos, el reino Cerdeña-Piamonte se anexionó, por medio de un plebiscito, Lombardía y los ducados (29 de mayo) y Venecia (4 de junio y 3 de julio). Pero el general austríaco Radetzky reconquistó Venecia y derrotó a Carlos Alberto en Custozza (23 a 27 de julio). Los italianos retrocedieron hasta Milán, cuya población acusó al rey de Cerdeña de traición. El 9 de agosto el general Salasco firmó la paz con Austria.
Todavía se prolongaría un año más el movimiento nacional italiano, pero en medio de una creciente confusión. A partir del verano de 1848, la reacción recuperó el control de la situación en toda Europa, mientras que la península italiana, cuya economía y finanzas públicas atravesaban una crisis catastrófica, vivió, a contracorriente de los demás países, unas experiencias de democracia avanzada. Surgieron violentos movimientos debidos al descontento de las clases pobres, concienciadas por la propaganda socialista.
En Roma, Pio IX confió el poder al economista liberal Pellegrino Rossi, que fue asesinado el 15 de noviembre de 1848. A continuación nombró a un gabinete de izquierdas, pero acabó huyendo clandestinamente a Gaeta el 24 de noviembre para ponerse bajo la protección del rey de las Dos Sicilias. Se formó entonces un gobierno provisional, que convocó una asamblea constituyente: ésta proclamó la República romana el 5 de febrero de 1849.
En Florencia los demócratas tomaron el poder el 27 de octubre y reclamaron la unión a la asamblea constituyente romana. El gran duque abandonó Toscana el 27 de febrero de 1849, y el triunvirato formado por Montenelli, Guerrazzi y Mazzoni proclamó la República.
Entre tano, en el reino de Cerdeña-Piamonte se llevaba a cab o el aprendizaje de la monarquía parlamentaria en medio de violentas polémicas sobe la conducción de la guerrra y de exacerbados enfrentamientos políticos. Tres gobiernos se sucedieron entre mayo y diciembre de 1848. Saboya reclamó su anexión a Francia, y la antigua república de Génova, incorporada en 1815, se sublevó.
El 16 de diciembre, Carlos Alberto I llamó a Gioberti y a la izquierda; pero las elecciones del 22 de enero de 149, que acentuaron la preponderancia de los demócratas avanzados, desbordaron al gobierno. El 21 de febrero Gioberti dimitió y se retiró a París.



Batalla de Novara, donde las fuerzas austríacas derrotaron a las piamontesas

La extrema izquierda, arrastrada por Urbano Rattazzi, impulsaba la reanudación de la guerra. El rey, investido de plenos poderes, denunció el armistició el 14 de marzo. El ejército sardo, desmoralizado y desorganizado, fue aplastado por los austríacos el día 23, en Novara, alcabo de sólo seis días de campaña. Carlos Alberto abdicó esa misma noche, en el campo de batalla, a favor de su hijo Victor Manuel II y se retiró a Portugal, donde murió en Oporto el 28 de julio. El armisticio impuso al Piamonte una indemnización de setenta y cinco millones, saldada con la ocupación de la plaza ferte de Alessandria.
Acto seguido, la reacción se desencadenó en toda Italia. En Florencia el gran duque rehusó la colaboración con los moderados recurrió a los austríacos, quienes lo restablecieron en su trono el 25 de mayo. Durante la primera quincena de mayo fue aplastada la insurrección de Sicilia. En Roma el triunvirato Mazzini-Armellini-Saffi decidió acudir en defensa de los liberales de toda la Península, y Giuseppe Garibaldi organizó la defensa militar de la República, peo Luis Napoleón Bonaparte, presidente de la República francesa, envió un cuerpo expedicionario de treinta mil hombres para congraciarse con los católicos. Al cabo de un mes de asedio (del 4 de junio al 4 de julio) la Ciudad Eterna cayó y los patriotas se dispersaron. En Venecia, Manin se hizo fuerte y no capituló hsta el 26 de agosto.
Los franceses dejaron una guarnición en Roma, donde Pio IX no volvió a entrar hasta el 12 de abril de 1850. Los austríacos ocuparon de nuevo las legaciones pontificias y los ducados (Parma, Módena y Toscana). En todas partes, menos en Turín, se restauró la monarquía absoluta y los soberanos ejercieron una rigurosa represión, que provocó la partida de numerosos proscritos. Sólo Cerdeña-Piamonte conservó su constitución, y se constituyó en esperanza de los patriotas italianos.


Escudo del reino de Cerdeña-Piamonte