dimecres, 1 d’abril de 2009

LA GUERRA AUSTRO-PRUSIANA

"Tempus Fugit" obra de Mila F. que quiere reflejar el fin de una época


Tras el post "Vientos de Guerra", en el que expliqué las causas inmediatas de la denominada Guerra de las Siete Semanas, analizaremos como se desarrolló la guerra.
El imperio austríaco, poco antes de la guerra, cree que no lo tiene todo perdido: al lograr el acuerdo secreto con Francia, el frente italiano quedará en un segundo plano, aunque tendrá que mantener parte del ejercito en el sur de los Alpes en lugar de estar disponibles para la lucha con Prusia.
Las tropas de ambos combatientes estaban bastante igualadas, el ejercito de Austria contaba con unos 528.000 hombres (en el año 1866), de los cuales unos 460.000 ya estaban listos para entrar en combate inmediatamente; aunque Austria no podía disponer de todos ellos para la guerra, ya que tenía que mantener un importante contingente de tropas para mantener las plazas fuertes del imperio limítrofes con Italia y Alemania, además no podía dejar ni la ciudad imperial de Viena ni Budapest (y con ella a toda Hungría) sin fuerzas para defenderlas. Debido a ello, el cuerpo de batalla austríaco era de apenas 300.000 hombres, que se repartían en 10 cuerpos de ejército y 5 divisiones de caballería. Además el imperio tendrá que dividir estas tropas en dos frentes:

-Uno al norte, de unos 238.000 hombres, dirigidos por el general Benedek.
-Otro al sur, de unos 74.000 hombres, dirigidos por el archiduque Alberto.

Por su parte, Prusia disponía de unos 320.000 hombres, de los cuales 30.000 eran de caballería, repartidos en 4 ejércitos y una reserva estratégica dispuesta a entrar en combate en cualquier momento.

De todas maneras, las fuerzas en el norte no son desproporcionadas, ya que Austria podrá sumar a su ejército las tropas de la Confederación que se han aliado con ella (las de Hannover, Hesse, Baviera, Sajonia, etc.). Pero, claro esta, el número de soldados no lo es todo, ya que el ejército imperial austríaco no había adaptado las nuevas innovaciones técnicas en su material bélico, y ello debido tanto a una falta de recursos dinerarios casi congénita y a la ceguera de sus tradicionalistas mandos militares. En cambio Prusia había modernizado todo su ejército, logrando que esta fuera una eficaz máquina de guerra.
A esta diferencia que inclinaba la balanza a favor de Prusia, había que añadir el entrenamiento de las tropas: los prusianos hacían ejercicios de tiro con 5 veces más cartuchos que los austríacos (con lo cual su puntería era mejor), además de participar asiduamente en maniobras militares de entrenamiento. En cambio en Austria se contentaban con realizar vistosos desfiles y simples ejercicios de regimiento. A pesar de todo esto, la artillería austríaca era mucho más moderna que la prusiana y con un alcance de destrucción mucho mayor. Pero lo más lamentable es que el estado mayor austríaco seguía pensando que las victorias sólo se logran mediante arriesgados ataques de bayoneta, y de este modo mientras Prusia dotará a su ejército con fusiles de carga por la culata, en el ejército de Austria seguirán usando el fusil de carga por la boca, y debido a ello las bajas imperiales serán muy numerosas debido a la rapidez de disparo de los fusiles prusianos.

La dirección de los ejércitos volverá a ser otro fallo de Austria, porque de los 208 generales con los que cuenta el imperio, sólo 2 son unos verdaderos comandantes eficaces: el general Benedek y el archiduque Alberto. Y el gobierno, junto al alto mando austríaco, volverán a decidir mal: el archiduque Alberto propone un plan ofensivo audaz que le llevaría a Berlín con el apoyo de los sajones, pero al ser un Habsburgo no querrán que asuma una posible derrota que podría perjudicar la imagen de la dinastía, así que decidirán enviarlo al frente del sur a luchar contra los italianos. En cambio Benedek, que conoce perfectamente el terreno en el norte de Italia, será enviado al norte, en el frente alemán.

Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada

Será una guerra distinta a las demás, que se desarrollará en cuatro frentes: tres terrestres y un frente marítimo. El frente marítimo será en el mar Adriático, donde se enfrentarán las marinas del joven reino de Italia y las fuerzas de la milenaria dinastía Habsburgo. La modesta marina imperial austríaca será mucho más eficaz que la italiana. Los tres escenarios terrestres serán: Alemania, Venecia y Bohemia, y en esta última se decidirá la guerra.

Todo esta preparado y el engranaje militar de todas las potencias en marcha. El cuarto ejército prusiano tendrá la misión de neutralizar a las tropas de la Confederación Germánica, aliadas de Austria. De este modo el general prusiano Von Falkenstein invadirá el reino de Hannover el 15 de junio, corriendo la misma suerte, poco más tarde, Hesse; en la batalla de Bad Rissinger los prusianos derrotarán a las tropas bávaras y tan sólo quedarán en escena Austria y las tropas sajonas.

Los italianos no tendrán la misma suerte que los prusianos. El ejército italiano, comandado por el general La Marmora, es derrotado en Custozza por el archiduque Alberto, con lo cual la moral de las tropas austríacas aumentará; aunque lo lamentable de toda esta situación es que dichas tropas, incluido el archiduque, no saben que, debido al pacto secreto entre Francisco José I y Napoleón III, Venecia está pérdida de antemano y (siempre bajo las teorías del emperador austríaco) se debe luchar sólo por defender el honor.
Los italianos volverán a ser derrotados en la batalla naval de Lisa, el 20 de julio, a pesar de la inferioridad naval austríaca, pero con unos mandos experimentados y excelentes frente a una clara inoperancia militar italiana. De este modo, Italia es expulsada de la guerra.

Será en este momento cuando los prusianos decidirán volcar toda su fuerza en Bohemia y atacar Sadowa, donde se encuentran los tres cuerpos del ejército austríaco y el ejército sajón que se había refugiado en Sadowa tras la invasión del reino de Sajonia por los austríacos (por defender a Austria, Sajonia había quedado indefensa y había sido ocupada por los prusianos). Los prusianos, gracias a unas tácticas militares superiores y gracias también a la poca previsión militar del general Benedek, derrotarán a las tropas austro-sajonas. De este modo, en Sadowa, el tres de julio se ha perdido una importante batalla, pero ¿ha perdido la guerra el emperador Francisco José?. Hay que tener en cuenta que los prusianos están tan sólo a 3 semanas de Viena, aunque en caso necesario se puede trasladar la capital a Budapest y seguir la lucha en Hungria. Pero, a estas alturas, la guerra depende más de lo que piense Francisco José y de la opinión de Viena y Budapest y, sobre todo, de lo que decida Napoleón III que, al menos durante unos pocos días, será quien tenga el destino de Europa en sus manos.

Cuadro "Batalla Naval de Lissa" de Carl Frederik Sorensen