dimecres, 26 de novembre de 2008

LA GUERRA DE LOS DUCADOS



En el año 1863, Dinamarca se anexó Schleswig y Holstein, ducados que eran miembros de la Confederación Germánica; ambos ducados mantenían una unión personal con la corona danesa, ya que los duques de Holstein eran reyes de Dinamarca desde el siglo XV. Ya había existido un primer conflicto entre Dinamarca y estos territorios, el cual se había solucionado mediante un arbitraje internacional en el año 1859, pero la desafortunada iniciativa del rey danés Cristián IX de anexarse los ducados iba a provocar una reacción de la Confederación de inesperadas consecuencias.

Para situarnos un poco en el inicio de este conflicto, hay que decir que debido a un antiguo juramento, Schleswig y Holstein no debían separarse jamás ("up ewig ungedeelt" "por siempre indivisibles"). Ambos ducados estaban gobernados por el rey de Dinamarca, pero sólo en uno de ellos era válida la sucesión femenino, en el otro no. Para evitar las complicaciones que la sucesión femenina pudiera traer a Dinamarca, el rey Federico VII (que no tenía descendencia masculina), optó simplemente por incorporar los ducados "indivisibles" al reino danés. Esto provocó el levantamiento de Schleswig-Holstein en 1848 y una ola de nacionalismo en Alemania. Posteriormente, el llamado Protocolo de Londres determinó que la casa Sonderbur-Glücksburg tenía derecho al trono y que los ducados no podían ser incorporados al Estado danés. Fue dicho Protocolo el que dispuso que Schleswig quedara unido a Holstein. Pero cuando Cristián IX de Dinamarca subió al trono, ignoró este acuerdo y se anexó ambos ducados en 1863.
Cristián IX no era descendiente directo de Federico VII (era hijo del duque Guillermo de Scheswig-Holteins-Sonderbur-Glüksburg), pero se había casado con la princesa alemana Luisa de Hesse-Kassel, la cual era sobrina del rey danés Cristián VIII, y a este rey le sucedió Federico VII. Al no tener Federico VII hijos varones, se vio obligado a reformar la Ley Sálica, con lo cual, a su muerte, y gracias al matrimonio con la princesa Luisa, Cristián fue coronado como rey de Dinamarca con el nombre de Cristián IX.
Siendo ya rey Cristián IX, hubo una disputa en cuanto a la herencia de los ducados, ya que él los reclamaba como herencia por parte de una línea de sucesión materna, mientras que el duque de Augustenborg, un descendiente menor de otra línea familiar, también exigía ambos ducados. Fue entonces cuando los ducados, encabezados por el duque de Augustenborg, llevaron el asunto ante la Confederación Germánica, la cual protestó ante el intento del monarca danés de anexarse los territorios ya que incumplía con los acuerdos del Protocolo de Londres.

En el año 1864, y en este orden de cosas, Austria, sin gran entusiasmo, decidió actuar junto a Prusia para expulsar a los daneses y de paso al duque de Augustenburg, instalado en Kiel mediante las tropas de la Confederación, que, en su mayoría, estaban constituidas por tropas de Sajonia y Hannover. Las tropas imperiales austríacas y las prusianas ocuparon rápidamente los ducados, aniquilando a las tropas danesas, que poca cosa pudieron hacer más que enfrentarse a las tropas confederadas en un último combate. Las potencias garantes de la Convención de 1852 no intervinieron en este conflicto, debido, básicamente, a que Gran Bretaña no disponía de un cuerpo expedicionario capaz de actuar de una manera rápida muy eficaz.
Los vencedores de este conflicto, Austria y Prusia no entregaron los ducados al duque de Augusgtenborg, sino que se repartieron los despojos mediante la Convención de Gastein, que fue negociada por el canciller prusiano el príncipe Bismark y el conde danés Blome. A consecuencia de dichos pactos, Prusia se anexionaba Sajonia-Lavenburg, Kiel y pasaba a administrar Schleswig, con lo cual se aseguraba un acceso directo al mar del Norte, mientras que Austria se encargaría de administrar Holstein, un territorio con el que no tenía nada que hacer ni nada que ganar y que tan sólo podría proporcionarle quebraderos de cabeza. Con esta guerra y el acuerdo final, el Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio de Austria había caído de lleno en la trampa diabólica que le había tendido el astuto Bismark.
A consecuencia de estos acontecimientos, Austria se había desatendido de la Confederación Germánica y ahora se encontraba frente a frente con el, cada vez más poderoso, reino de Prusia. Austria había abrigado, aunque sólo fuera por un instante, la esperanza de cambiar el ducado de Holstein por Silesia, pérdida en tiempos de María Teresa y que había sido un territorio histórico de Austria; como era de esperar, Bismarck se burlo de esa vieja ilusión de la débil diplomacia austríaca. En adelante, Austria se vería arrastrada a lo inevitable: o acceder a la igualdad con Prusia en el seno de la Confederación Germánica, o declarar la guerra.
Tras la guerra de los ducados las demás potencias empezaron a adivinar las intenciones prusianas e incluso, lord Clarendon, secretario del Foreign Office, en el año 1864, confeso a Beust, que era el Primer Ministro de Sajonia en ese momento, que "Bismarck es un aventurero que no teme ni rey ni roque, y Rechberg es su esclavo"; lord Clarendon volvió a manifestar esta opinión, aunque de un modo más diplomático, al embajador de Austria, al que le comentó que lamentaba "ver a una potencia como Austria abdicar de su papel de gran potencia y de su independencia para convertirse en el juguete y en el instrumento de los planes ambiciosos de su rival".
El emperador Francisco José I de Austria permaneció fiel, a pesar de todo, a la estrategia defendida por Rechberg. A comienzos del año 1866, el emperador no ocultaba su optimismo respecto de las relaciones con Berlín, en el mismo instante en que Bismarck desvelaba su plan de reorganización de la Confederación, de la que Austria quedaría, llana y simplemente, excluida, al defender la idea de un parlamento elegido por sufragio universal. Pero la mecha que prendió la llama en todo este polvorín fue una querella sobre la administración de los ducados que fue llevada delante de la Confederación, ya que ello brindo la oportunidad y la coartada a Bismarck para que Prusia hiciera llegar una nota conminatoria a Rechberg el 26 de enero de 1866.




















Arriba podemos ver un mapa de Dinamarca y, al sur , los ducados de Scheswig y Holstein.
Abajo del artículo, podemos ver la obra "Capricho imperial", de Mila F., de su colección de Bodegones.

dissabte, 1 de novembre de 2008

MARÍA TERESA DE AUSTRIA


A nuestra izquierda podemos ver un retrato de una joven María Teresa, nacida en Viena en el año 1717 y fallecida en la misma ciudad en 1780. Fue Archiduquesa de Austria (desde 1740), Reina de Hungría (desde 1741) y de Bohemia (desde 1743). Fue la hija primogénita del emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Carlos VI y con el tiempo también ella ostentaría este título.
De acuerdo con la Pragmática Sanción de 1713, fue nombrada heredera (1724) de los territorios bajo el dominio de los Habsburgo. La Pragmática Sanción declaraba indivisibles los territorios de la Casa de Austria, pero a la muerte de su padre, el emperador Carlos VI, las distintas potencias europeas intentarán destruir esa unión de territorios en beneficio propio. De esta forma estalló la llamada "Guerra de Sucesión de Austria" (1741-1748). Dicha guerra estuvo a punto de echar a pique la monarquía, ya que el padre de María Teresa no le proporcionó los medios necesarios para defender su extraordinario legado. El primer triunfo que se le puede adjudicar a la joven María Teresa es el haberse enfrentado a la adversidad, salvando una monarquía austríaca que muy bien pudiera haber quedado dividida.

A nuestra derecha, una María Teresa con los distintivos imperiales.

En relación a la Pragmática Sanción, el emperador Carlos VI intentó que la misma fuera garantizada por las diversas potencias europeas, así fueron garantes de la misma: España (1725), Rusia (1726), Prusia (1728), y luego se fueron sumando Gran Bretaña, Francia y Piamonte-Cerdeña. Pero, en resumen, ¿de qué sirven los acuerdos internacionales si no se tienen los medios para hacer que sean respetados?. Y esto es lo que le ocurrió a María Teresa
tras la muerte de su padre. De esta manera varios de los príncipes y soberanos alemanes vieron una oportunidad para alzar su voz contra los Habsburgo y unidos con las otras potencias ver una magnifica oportunidad para arrebatar la corona imperial a la Casa de Austria y además reducir a Austria y a sus territorios en una potencia de segundo orden.
Gran Bretaña ayudaría a salvar la monarquía de Austria al trazar una alianza antifrancesa y convertir la guerra de sucesión en una guerra a nivel europeo. Así las cosas, se aliaron a Austria Gran Bretaña, Hannover, Cerdeña y Holanda; Francia y España formaban un frente contra María Teresa; el Electorado de Sajonia en un principio rival de Austria, se inclinó finalmente a favor de ésta; Prusia respetó la posición de María Teresa tras que esta la hubiese garantizado la posesión de la rica región de Silesia, antes en manos de los Habsburgo.
Tras cinco años de guerra, María Teresa logró retener el grueso de sus estados, aunque la perdida de Silesia (excepto la comarca de Teschen) fue un duro golpe a las arcas de los Habsburgo, al tratarse de una de las regiones más ricas de la monarquía.




Arriba podemos ver el escudo de armas de María Teresa, cuyo lema era "JUSTITIA ET CLEMENTIA" (por la justicia y la clemencia), que define muy bien el estilo de vida de la soberana. A la derecha podemos observar una moneda de María Teresa con la siguiente inscripción: M(aria) THERESIA D(ie) G(ratia) R(omanorum) IMP(eratrix) HU(ngariae) BO(hemiae) REG(ina), es decir: María Teresa, por la gracia de Dios, emperatriz de los romanos, reina de Hungria y de Bohemia.

Con el tratado de Aquisgrán se puso fin a la guerra, y como ya hemos apuntado antes se tuvieron que ceder algunos territorios: la casi totalidad de Silesia a Prusia, algunas zonas del Milanesado a Saboya y cedió Parma, Plasencia y guastalla al infante español Felipe.
Tras la guerra María Teresa tuvo una clara visión de la mayor o menor lealtad de sus territorios. Hungría fue el más firme apoyo que encontró la soberana, los cuales mantuvieron una actitud responsable durante toda la guerra. Los territorios checos, al contrario, tuvieron una actitud tan pasiva hacia su soberana que rozaba la complicidad con las otras potencias, y que, finalmente se sometieron a la ley del más fuerte.
Pero ningún favor es gratis, así que la nobleza húngara le pidió a María Teresa que reconociera sus privilegios y siguiera garantizando sus propia autonomía dentro de la monarquía austríaca (1741, coronación de María Teresa como reina de Hungria)
En relación a Bohemia, se puede decir que traicionó a los Habsburgo ya fuera por amor nacional o más probablemente por un interés fiscal, tratando de buscar (con la derrota de los Habsburgo), a un nuevo soberano nacional con intereses más modestos que los de la dinastía reinante y que convirtiera a Praga en el centro de gravedad del país y que pudiera mantener a la nación lejos de los grandes conflictos de las superpotencias europeas. Los bohemios veían una imagen de su propio país como una nación relegada a un eterno segundo plano en beneficio de los intereses de Viena. Pero finalmente tuvieron que aceptar que María Teresa fuera la reina de Bohemia (1742).

Tras una explicación de los que supuso la Pragmática Sanción y las consecuencias de la misma, seguiremos con los acontecimientos más importantes en la vida de María Teresa.

María Teresa se casó con Francisco Esteban, duque de Lorena, en 1736. En plena guerra de Sucesión de Austria, Carlos Alberto, elector de Baviera, fue coronado emperador del Sacro Imperio en Frankfurt en el año 1742, adoptando el nombre de Carlos VII. Tras la muerte del mismo, María Teresa logró la corona del Imperio para su esposo, el cual fue coronado emperador con el nombre de Francisco I en 1745. En contra de las ideas procedentes de las orillas del Sena, María Teresa fue emperatriz en calidad de esposa de Francisco Esteban de Lorena que ocupó el cargo de 1745 hasta 1765 en que murió. María Teresa era archiduquesa de Austria por nacimiento, y luego sería reina de Hungría y, a pesar de las protestas del elector de Baviera, reina de Bohemia. Nunca fue "emperatriz de Austria" porque, sencillamente, no existia un "imperio de Austria" propiamente dicho.

Abajo retrato de María Teresa y su familia.


Los deseos de la soberana por recuperar Silesia la llevaron a la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en la que lucho, esta vez, junto a Francia. Con la paz de Hubertsburg (febrero de 1763) se puso fin a la guerra y tuvo que reconocer el dominio prusiano de Silesia. De todas formas, tras la guerra logro garantizar la sucesión en el trono imperial del Sacro Imperio en su hijo (el futuro José II).
Posteriormente sus estados se vieron aumentados con Galitzia tras el primer reparto de Polonia (1772) y con Bucovina (1775) gracias a su intervención, junto a Rusia, en la guerra contra el imperio Otomano, y también logró el territorio de Innviertel tras la guerra de Sucesión de Baviera (178-1779), tras renunciar a luchar por la sucesión de dicho estado.

María Teresa fue la viva imagen del llamado Despotismo Ilustrado, a ella se debe la modernización del ejercito y el sometimiento de los poderes locales al Gobierno Central. También impulsó las ciencias y las artes y limitó la influencia de la Iglesia Católica, aunque ella siempre fue una devota ferviente en la fe católica y por ello se mostró intolerante con judíos y protestantes, y en 1741 expulsó a los primeros de Praga.
Unificó las Cancillerías de Austria y de Bohemia y creó un Tribunal Supremo. Prohibió la quema de brujas y la tortura y eliminó la pena capital por los trabajos forzados. En 1774 introdujo la enseñanza obligatoria con el objetivo de crear una clase educada que pudiera prestar sus servicios a la maquinaria del Estado. También se debe a ella la creación de una "policía moral" que debía velar por la decencia en todos los territorios de los Habsburgo, lo que conllevó al arresto de muchas de las prostitutas de Viena que fueron enviadas a los territorios orientales. En su afán centralizador creó el "Consejo de Estado" de 1760 y promulgó el Código Penal de 1768-

Aunque María Teresa fue técnicamente una emperatriz consorte del Sacro Imperio, ella fue la que ejerció el poder de forma efectiva, ya que su esposo Francisco Esteban se desatendió de dichas tareas para dedicarse a las finanzas, de una manera muy efectiva, creando un enorme patrimonio para la dinastía. A la muerte de su marido, María Teresa debió compartir el poder con su hijo José II, ya que él heredó el titulo de emperador, aunque ella conservó los títulos de los territorios que fueron herencia de su padre, hasta su muerte.

Podemos concluir diciendo que María Teresa fue la última monarca auténticamente Habsburgo, ya que sus descendientes ya pertenecerían a la Casa Habsburgo-Lorena, y sin duda alguna fue una de las personalidades más fascinantes de todo su linaje.