dimecres, 20 d’agost de 2008

MAPAS DE EUROPA DE 1812 A LA UNIFICACIÓN ALEMANA



Creo interesante publicar una serie de tres mapas que he localizado, y que, sin duda alguna, pueden facilitar la lectura de alguna de las últimas entradas del Blog.


En el primer mapa podemos ver Europa bajo el dominio de Napoleón I, emperador de Francia. En azul, el imperio francés propiamente dicho, el cual se anexo, directamente, los Países Bajos, norte de Alemania (lindante con Dinamarca), las llamadas Provincias Líricas o Ilíricas (la salida al mar del imperio de Austria), toda la Liguria italiana así como el Lacio. En verde los estados que, de una manera u otra, dependían de Francia.

El mapa de abajo, muestra como quedó Europa tras el Congreso de Viena de 1815. Vemos que, más o menos, las fronteras volvieron a la situación de antes de Napoleón. No obstante, como temas destacados se observa la desaparición de Polonia (que se reparte entre Austria, Prusia y Rusia), la creación de la corona Belga-Holandesa y de la corona Sueco-Noruega. Noruega era parte de Dinamarca, pero se quiso castigar a este país por el apoyo que prestado a Francia, y con la creación de el Reino de los Países Bajos (con Holanda y Bélgica), se quería impedir una nueva agresión francesa a Holanda. A Rusia se le reconoció la anexión de Finlandia y Besarabia. Austria se incorporó la Galitzia polaca y Venecia (formando el reino Lombardo-Veneto) y recuperó la costa Dálmata del Adriático. Prusia logró la mitad de Sajonia y la Renania



En el último mapa (abajo), podemos ver la formación del imperio alemán. Tras las ganancias territoriales de Prusia del Congreso de Viena (1815), no fue hasta 1866 que se anexó los territorios de Schleswig-Holstein (ganados a costa de Dinamarca), paralelamente y a consecuencia de la victoria prusiana en la guerra de los ducados, también se anexó el reino de Hannóver, el electorado de Hesse y el ducado de Nassau, con lo cual Prusia logro una continuidad territorial desde Renania hasta la Prusia oriental. Tras la guerra franco-prusiana, con la victoria de esta última potencia, fue creado el imperio alemán, con la incorporación de Alsacia y Lorena (cedidas por Francia en virtud del tratado de Francfort.

dissabte, 9 d’agost de 2008

ALEMANIA Y AUSTRIA. HISTORIAS PARALELAS

Hemos de recordar que Napoleón dejó su impronta en los estados alemanes y en la propia Austria. Francia se anexionó la orilla izquierda del Rin y la incorporó al imperio francés, y tanto Prusia (Tratado de Basilea de 1795) como Austria (Tratado de Lunéville, en 1802), tuvieron que aceptarlo. Francia borró el Sacro Imperio romano-germánico en 1805, cuya corona ostentaban los emperadores austriacos y en sustitución del mismo creó la Confederación del Rin, con estados alemanes cuyas casas reales habían emparentado con la dinastía Bonaparte.
Pero la obra napoleónica tuvo una existencia efímera y murió con la derrota de Napoleón ante las potencias europeas que volvieron a instaurar el antiguo régimen.
El Congreso de Viena de 1815, con el canciller austriaco Metternich a su cabeza, trató de reestablecer el dominio de Austria en Alemania, creando una confederación de treinta y ocho estados con una dieta común a todos ellos, formada por delegados de los respectivos gobiernos y presidida por Austria. Metternich deseaba, a toda costa, impedir cualquier evolución hacía ideas unitarias y constitucionales en Alemania, en un afán de preservar el orden monárquico y la jerarquía aristocrática. Para tales fines sería necesario el entendimiento entre las dos grandes potencias alemanas: Austria y Prusia.
La influencia de Metternich logró frenar las reformas en Prusia (inspiradas en los logros revolucionarios franceses), pero no frenó la influencia de este estado en el norte de Alemania. Prusia, empujada por las circunstancias (debido a la gran afluencia de productos ingleses en el mercado alemán), fue la pionera en unificar tarifas aduaneras en todo el territorio prusiano, y aplicar unas tarifas reducidas en el conjunto de la confederación (1818). Tras vencer las dificultades que le presentaron los estados del sur, Prusia logro constituir una unión aduanera (Zollverein) en 1834 que abarcaba toda Alemania excepto Hannover, las ciudades hanseáticas y Austria. Las diferencias entra Austria y Prusia seguían aumentando, y la vieja potencia europea veía como Prusia quería ocupar su papel.

Las revoluciones de 1848 en Alemania motivaron la constitución de gobiernos liberales; pero no afectaron a las monarquías, con la excepción de Baviera, donde Luis I tuvo que abdicar en favor de su hijo Maximiliano II. En Prusia, la actitud ambigua de Federico Guillermo IV obligó al monarca, tras unas sangrientas jornadas en marzo, a aceptar la reunión de una nueva dieta unificada y de un parlamento elegido por sufragio universal.
La revolución tomó un cariz nacional y liberal, llegándose a crear un parlamento provisional (el Vorparlament) alemán, el cual se reunió en la Paulskirche de Frankfurt (mayo de 1848), formado principalmente por notables e intelectuales, aunque no controló la administración de los asuntos de cada estado y menos aún las fuerzas armadas de cada nación. La opinión de este parlamento se dividió muy especialmente cuando el canciller austríaco Schwarzenberg exigió la entrada de toda la monarquía austríaca en el Reich (en un futuro imperio alemán). De este modo el parlamento se dividió entre los partidarios de la "pequeña Alemania" (liberales y protestantes) liderados por Prusia y de la "gran Alemania", liderados por Austria (católicos y demócratas), la cual proponía la creación de una vasta y laxa confederación. Finalmente, el trono imperial y hereditario del Reich se ofreció al rey de Prusia (noviembre de 1848), el cual lo rechazó temeroso de que el reino de Prusia quedará diluido en este nuevo imperio. Este rechazo provocó, en un breve plazo, la disolución del parlamento.

Todo ello llevó al fracaso de la revolución. Hay autores que afirman que este fracaso de debió a los errores de los intelectuales y a la falta de preparación de las masas y la pasividad de los campesinos, que una vez abolidos los derechos feudales se desinteresaron de la política. La gran mayoría de autores afirman, no obstante, que el fracaso se debió, en realidad, a causa del temor que suscito en la burguesía dominante la irrupción de reivindicaciones sociales (y el miedo a la creación de la denominada "república roja"). La burguesía, así, prefirió un compromiso con las antiguas clases dirigentes, cediéndoles el poder político si quedaban a salvo sus intereses económicos.

Nota: el mapa muestra, en azul, el reino de Prusia y el resto de estados alemanes, incluyendo Austria, como miembros de la confederación alemana.